sábado, 10 de septiembre de 2016

En 25 de las 32 entidades del país no se considera delito grave la pederastia.


CIUDAD DE MÉXICO.
En 25 de las 32 entidades del país no se considera delito grave la pederastia, de acuerdo con la senadora perredista Angélica de la Peña.
Para Laura Martínez, directora de la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas, AC, la violencia sexual contra menores, en el 80% de los casos, deja secuelas para toda la vida. Adicionalmente, las leyes de las entidades la castigan de manera laxa o nula y se utiliza un enfoque de usos y costumbres para enfrentarlos.
De acuerdo con De la Peña, Yucatán, Tlaxcala, Tabasco, Sinaloa, Quintana Roo, Querétaro, Morelos, Jalisco y la Ciudad de México tipifican este ilícito como grave y sin derecho a fianza; sin embargo, las penalidades no son severas, sólo en el estado de Jalisco se dan entre 12 y 20 años de prisión a quien cometa abuso sexual en contra de un menor de edad.
En 25 entidades el abuso sexual no se califica y los agresores pueden salir bajo fianza, pagando multas que van de los tres días de salario mínimo a  mil 200 días.
De acuerdo con datos de la OCDE, México ocupa el primer lugar en abuso sexual, violencia física y homicidios de menores de 14 años. Un estudio de Adivac apunta que las víctimas pueden ser menores o mayores de edad.
Difieren estados
Existen códigos penales, como los de Baja California, Campeche, Durango y Sonora, cuya acción penal en contra de quien comete el delito de estupro se extingue si contrae matrimonio con la víctima, legalizando con esto la prolongación de la lesión al bien jurídico, de acuerdo con Adivac.
La mayoría de los códigos penales incluyen como pena la reparación del daño para los ilícitos de estupro y violación, y en varios dicha reparación comprende el pago de alimentos en favor de la mujer y del hijo (a) o hijos (as) que pudieran resultar como consecuencia de la comisión del abuso.
Cabe señalar, de acuerdo con Angélica de la Peña, que México está catalogado como país de origen, tránsito y destino de víctimas de explotación sexual, siendo el de mayor crecimiento la modalidad de turismo sexual infantil principalmente en Acapulco, Cancún, Tijuana y Ciudad Juárez.
Pornografía
De acuerdo con un informe del Senado de la República, México ocupa el primer lugar en difusión de pornografía infantil a nivel internacional, situación que fue confirmada por Nelly Montealegre, fiscal especial de la PGR para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas, quien habló de cómo se han incrementado las páginas de personas que buscan material de ese tipo.
    Según estimaciones de la UNICEF, la pornografía infantil es uno de los negocios más lucrativos en el mundo, después del narcotráfico, cuyas ganancias se estiman en 7 mil millones de dólares anuales.
Las estadísticas de la Policía Federal señalan que la explotación sexual de niños y adolescentes a través de internet ocupa el tercer lugar en la lista de delitos cibernéticos.
Mientras en 2004 se tenían registrados 72 mil 100 sitios de pornografía infantil, en 2006 ya existían más de 100 mil sitios. Además, México es considerado segundo país a nivel mundial con mayor producción de pornografía infantil.
   Además del caso de La Esperanza, encubierta casa hogar en donde Timothy Julian y Decker, de nacionalidad estadunidense, tenían concentrados a un grupo de niños que eran abusados sexualmente, mientras ellos les tomaban fotos y video que enviaban por internet a diferentes partes del mundo, existen mucho otros casos de pederastia y pornografía infantil.
Otro caso muy sonado en Acapulco es el del  pederasta mexicano José Guadalupe Borja Borbón, quien se hacía pasar como misionero franciscano. El sujeto mantenía una casa de asistencia llamada Casa Franciscana de Niños Desamparados, ubicada en el lote 27 de la calle Castillo Bretón, fraccionamiento Costa Azul.
De acuerdo con la averiguación previa, TAB/AEDS/02/832/2003, Borja utilizaba ese lugar para abusar sexualmente de los menores. Bajo engaños, invitaba a los niños a la casa hogar y, una vez ahí, les decía que les iba a sacar el demonio mediante sesiones de exorcismo.
Para el abogado Victoriano Sánchez Carbajal, el problema es que las leyes de Guerrero no protegen a los menores.
“Si vemos el Código Penal de Guerrero veremos que los niños están expuestos a múltiples actos que pueden llevar a denigrarlos como personas, sin que aquellos que cometen el delito reciban un castigo adecuado y ejemplar; lo máximo de lo que se les puede acusárseles es de corrupción de menores y saldrían libre bajo fianza”, señala el abogado.
Tal es el caso del ciudadano canadiense Williams Lee Suk, quien se hacía llamar Walter Suk, y fue sorprendido mientras tocaba y besaba a una niña, en plena Costera Miguel Alemán en Acapulco. El hombre fue detenido por integrantes de la Gendarmería y, en lugar de ser puesto a disposición del Ministerio Público federal, fue consignado al Ministerio Público del fuero común, donde se le aplicarán las leyes estatales, mismas que no prevén la figura  de pederasta.
Sánchez Carbajal hizo un llamado urgente a los diputados del estado para que armonicen las leyes locales con las federales y, de esa manera, “se pueda proteger a los niños de Guerrero de este terrible mal que llegó y no ha podido ser erradicado”.
De acuerdo con el abogado, Williams Lee Suk, quien enfrenta un proceso penal por acariciar y besar a una menor de edad, en cualquier momento podría salir libre bajo fianza, pues en aquella entidad el delito cometido está considerado como “no grave”.
La sicóloga Alondra Berber señala que “Acapulco sigue siendo primer lugar en turismo sexual infantil, el cual es propiciado, en gran medida, debido a la pobreza y falta de educación. En el 80% de los casos, el abuso es cometido por gente cercana a la víctima”, subraya.
Violencia sexual
De acuerdo con datos de la OCDE, México ocupa el primer lugar entre len abuso   sexual, violencia física y homicidios de menores de 14 años.

En casa hogar. 
Además del caso de La Esperanza, encubierta casa hogar en la que los ciudadanos estadunidenses Timothy Julian y Robert Decker  tenían concentrados a un grupo de niños que eran abusados sexualmente y también eran captados en fotos y videos que, poco después, eran enviados por internet a países como Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Alemania,  entre otros, actualmente existen más casos de pornografía infantil y pederastia en México.


Vía internet. 
Las estadísticas de la Policía Federal señalan que la explotación sexual de niños y adolescentes a través de internet ocupa el tercer lugar en la lista de delitos cibernéticos.
Mientras en 2004 se tenían registrados 72 mil 100 sitios de pornografía infantil, en 2006  la cifra se incrementó a más de 100 mil sitios. Además, México es considerado el segundo país a nivel mundial con mayor producción de pornografía infantil.

Código Penal. 
El artículo 201, párrafo primero, del Código Penal Federal establece: “Comete el delito de corrupción, quien obligue, induzca, facilite o procure a una o varias personas menores de 18 años o a una o varias personas que no tienen capacidad para comprender el significado del hecho o a una o varias personas que no tienen capacidad para resistirlo a realizar actos de exhibicionismo corporal o sexuales simulados o no, con fin lascivo o sexual”.


Convenios. 
México ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño en 1990; en el 2000 el Convenio 182 de la OIT sobre las Peores Formas de Trabajo Infantil y en el 2002 el Protocolo Facultativo de la Convención de los Derechos del Niño relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía. Adicionalmente, en el 2003 ratificó el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños.
Acapulco, paraíso sexual infantil
ACAPULCO.— El destino turístico que dio a conocer a México ante el mundo, hoy es considerado como un destino de turismo sexual, donde prácticamente cualquier tipo de fantasía podría ser cumplida, lo que ha provocado que pederastas extranjeros, principalmente de Canadá y Estados Unidos, lo visiten.
De acuerdo con un informe del Senado de la República, México ocupa el primer lugar en difusión de pornografía infantil a nivel internacional,  dato que ha sido confirmado por Nelly Montealegre Díaz, fiscal especial de la PGR para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas.
“El conteo lo empezamos en 2010, cuando se detectaron 580 cuentas; para 2011, aumentaron a más de tres mil; en 2012 se detectaron más de siete mil cuentas y, en  2013, suman más de 12 mil 300. Y solamente se iniciaron 130 averiguaciones previa por parte de la PGR.  Ésta es una situación muy grave”, reconoce Montealegre Díaz.
De acuerdo al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, cada mes cien niños mexicanos son reclutados para esta actividad.
Las ciudades donde existe mayor actividad pedófila son Acapulco, Cancún, Tijuana, Guadalajara y Tapachula. Según estimaciones de la UNICEF, la pornografía infantil  es uno de los negocios más lucrativos en el mundo, después del narcotráfico. Se estima que reporta una ganancia de siete mil millones de dólares anuales.
No obstante, de acuerdo con un reporte de la ECPAT, que es la  Red de organizaciones trabajando para la eliminación de la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes, no existen informes precisos sobre su extensión.
De acuerdo con los casos reportados a la prensa entre 1998 y 2000, se pudo estimar que entre 16 mil y 20 mil menores de 18 años son víctimas de explotación sexual comercial en México.
Algunas otras estimaciones hablan de que las víctimas oscilan entre los 5 mil y 80 mil.
Para algunos especialistas, como el sociólogo Jesús Quevedo de la UAM, Acapulco podría ser considerado “el Bangkok de Latinoamérica”.
“La mayoría de los turistas sexuales proceden de Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Alemania, y no tienen un perfil determinado ya que pueden ser desde pederastas hasta clientes ocasionales”, precisa Quevedo.
Las estadísticas de la Policía Federal, por su parte, señalan que la explotación infantil a través de internet ocupa el tercer lugar en la lista de delitos cibernéticos, sólo antecedida por los fraudes y las amenazas.
En enero de 2004 se registraron 72 mil 100 sitios de pornografía sexual infantil. No obstante, en 2006 ya existían más de cien mil sitios. Cabe mencionar que México es considerado el segundo país a nivel mundial con mayor producción de pornografía infantil.
México ratificó la Convención sobre los Derechos del Niño en 1990; en el 2000 el Convenio 182 de la OIT sobre las Peores Formas de Trabajo Infantil y en el 2002 el Protocolo Facultativo de la Convención de los Derechos del Niño relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía. Adicionalmente, en el 2003 ratificó el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños. A nivel interamericano, México firmó en 1995 la Convención Interamericana sobre el Tráfico Internacional de Menores y la ratificó en 1996.
A pesar de que México ha convalidado diferentes instrumentos internacionales y que se han efectuado algunas reformas a su legislación federal, y otras están aún pendientes de sus trámites de aprobación final, todavía hay algunos estados que no han adecuado sus legislaciones a estos compromisos.
Este hecho representa grave dificultades. Por ejemplo, si los delitos de prostitución y pornografía infantil no están vinculados con la delincuencia organizada, es de aplicación la legislación estatal. Sólo los estados de Baja California, Jalisco, Veracruz, Tlaxcala, Chiapas y Quintana Roo castigan con cierta severas a quienes cometen estos delitos.
Sin embargo, el resto de los estados apenas los consideran como faltas a la moral. De igual manera, existen diferencias entre los estados en cuanto a la edad de consentimiento sexual, que varía entre 12 años (en nueve estados), 14 años (en dos estados), 16 años (en seis estados), 17 para hombres y 18 para mujeres (en un estado) y 18 años (en dos estados). En 25 estados de la República no procede la acción penal por abuso o violación sexual si existe matrimonio entre el agresor y la víctima, lo que evidencia el riesgo que corren.
El artículo 201, párrafo primero, del Código Penal Federal establece: “Comete el delito de corrupción, quien obligue, induzca, facilite o procure a una o varias personas menores de 18 años o a una o varias personas que no tienen capacidad para comprender el significado del hecho o a una o varias personas que no tienen capacidad para resistirlo a realizar actos de exhibicionismo corporal o sexuales simulados o no, con fin lascivo o sexual”.
 “Al autor de este delito se le aplicarán de cinco a diez años de prisión y de quinientos a dos mil días de multa”. El párrafo cuarto de ese mismo artículo dispone que la pena será de siete a doce años de prisión y de 300 a 600 días  de multa “cuando de la práctica reiterada de los actos de corrupción el menor o incapaz (…) se dedique a la prostitución…”. De acuerdo con el artículo 201 Bis 1, la pena se agrava cuando el delito de corrupción de menores —o de quien no tenga capacidad para comprender el resultado del hecho— o el de pornografía infantil es cometido por quien se valiese de una función pública.
 El artículo 201 Bis 2 señala que las penas se aumentarán hasta una tercera parte si se comete con un menor de 16 años; y si la víctima es menor de 12 años, las penas aumentarán hasta una mitad de las sanciones.
En Acapulco, desafortunadamente, la pedofilia es un problema que existe desde hace años y, actualmente, ha sido fomentado por varios extranjeros. Uno de los casos de pedofilia más conocidos en este municipio es el del ciudadano estadunidense Robert Decker, quien  después de haber tenido problemas con la justicia de su país estableció su residencia en Acapulco en 1998. Para evadir a la policía de EU  decidió cambiar su nombre y hacerse llamar Roberto Campos López.
 En 1999, Decker se encontró en Acapulco a un viejo conocido, el también estadunidense, Joseph Timothy Julián; cuatro años antes ambos habían estado en una cárcel de EU, los dos acusados de abuso sexual contra menores.
 En ese momento, Timothy Julián manejaba una red de prostitución infantil en Estados Unidos e invitó a Decker a formar parte su organización. Le dijo que estaba interesado en abrir un centro de explotación sexual infantil en Acapulco y le ofreció pagarle un buen salario a cambio de su ayuda. El resultado fue La Esperanza, una supuesta casa de asistencia en donde se abusaba sexualmente de los menores.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Hablemos de abuso sexual infantil.

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El abuso sexual contra los niños/as, sea quien sea que lo cometa, deja en ellos/as, profundas y dolorosas secuelas.


Al interior de la familia nuestros niños y niñas corren enormes peligros y por razones de edad, son vulnerables y dependen de sus abusadores, quienes en su mayoría son hombres. Y aunque se conocen más víctimas niñas que niños, ambos están expuestos/as a ser abusados/as, por su gran vulnerabilidad.

Las secuelas del abuso sexual pueden variar, dependiendo de la edad, características del abuso, edad de su inicio, vínculos con el abusador, la respuesta familiar y estatal, entre otras. Siempre es destructivo, deja secuelas a corto y largo plazo, las que intervienen en su sano desarrollo cognitivo, emocional y conductual.

Muchos de estos/as niños y niñas que fueron abusados/as sexualmente y cuyo desarrollo armónico fue impactado en todas las áreas, incluyendo la sexual, pueden repetir en forma reactiva el abuso sufrido y abusan sexualmente a otros/as niños/as. Así, hemos aprendido que los perpetradores del abuso sexual no son solo adultos o sólo hombres, sino también adolescentes, niños y niñas, que han perpetrado actos sexualmente abusivos contra otros/as niños/as.

Los/as niños/as reaccionan, procesan e integran su victimización según una gran cantidad de variables. Sus reacciones pueden ser obvias o estar ocultas, pero siempre se presentan. Algunas son transitorias y otras permanentes, y que sin intervención suelen durar toda la vida.

También nos fuimos encontrando con una realidad que históricamente habíamos negado y que no resulta menos preocupante: esta es la que niños y niñas que fueron abusados/as sexualmente pueden reproducir estos contactos abusivos en forma reactiva, cabe señalar, se convierten en abusadores/as de otros/as niños/as después que han sido víctimas por parte de otros/as niños/as, adolescentes o adultos/as. El abuso sexual reactivo se refiere a conductas sexuales abusivas hacia otros/as niños/as que han sido previamente abusados/as sexualmente.

La confirmación de que niños/as cometen conductas abusivas sexualmente contra otros/as menores no es por supuesto un asunto fácil de comprender y mucho menos de tratar. Aceptar que niños y niñas también abusan, ha creado una situación compleja.

Se entenderá que el comportamiento sexual inadecuado en niños/as es aquel que está dirigido hacia otros/as niños/as, ya sean hermanos/as u otros/as niños/as que compartan una residencia, compañeros/as de escuela o algún grupo, u otros/as niños/as en situaciones que no son recíprocas o exploratorias y que implican una diferencia de edad y/o poder (Batres 2003, Ballester Pierre ,1995).

Johnson en 1988, condujo una investigación con niños que abusan y encontró que el 49% fueron abusados previamente. Esto nos dice también que no todos los/as niños/as abusados/as sexualmente repiten la conducta. En cambio el estudio de niñas que abusan, que es menor que la de los niños, reportan que el 100% de las niñas estudiadas habían sido abusadas previamente.

Algunos autores como (Ryan y Lane, l997, Batres 1999) también toman en cuenta el factor poder y consideran que hay abuso, aunque se dé entre niños/as de la misma edad, cuando alguno tiene menos poder y esta situación se utiliza para forzar el abuso. Por ejemplo, el poder puede darlo el tamaño físico, o la pertenencia a una pandilla, la preferencia o credibilidad por parte de algún/a adulto/a, la posesión de mayores recursos económicos, hacer uno o varios eventos para ridiculizar públicamente a la futura víctima y amenazarla con repetirlo, entre muchas otras acciones.

Por esto, debemos continuar trabajando para suspender esta cadena y ya sabemos que entre más pronto intervengamos, mayores males futuros podrán detenerse. Porque hay reportes de que cuando estos/as niños/as llegan a la adolescencia y adultez, tendrán menos posibilidades de rehabilitación.

Es pertinente decir que no todos los/as niños/as abusados/as repiten la conducta sexual abusiva posteriormente. También que no todos los abusadores sexuales masculinos tienen como antecedentes el abuso sexual infantil. Tenemos que tener mucho cuidado de no ver a los abusadores sexuales adultos como víctimas. El abuso sexual perpetrado por adultos es un delito penal.

Es en la escuela en el lugar en donde puede ser más visible el fenómeno cuando la víctima le revela a su maestro/a. En la familia, la tendencia es callar el problema y considerarlo juego de niños/as. Especialmente cuando es un niño quien abusa, se le justifica como parte de su estereotipo masculino de género.

El tratamiento en grupo es el método más eficaz para tratar este tipo de casos aunque su filosofía y metodología también pueden funcionar en la terapia individual. Este tratamiento proporciona una oportunidad para interactuar con niños/as en las mismas circunstancias, y con esto se disminuye el sentimiento de vergüenza y ayuda a romper el secreto; lo que se adjunta a otros beneficios que impulsan a una recuperación positiva para sus participantes.

Si los niños/as que ingresaron al grupo o asistirán a terapia individual, por haber tocado sexualmente a otro niño o niña, han sido también victimizados, este segundo asunto deberá ser tratado después y no en la misma terapia. Esto porque hay otras víctimas, se dificulta el desarrollo de la empatía y la terapeuta puede sentirse muy ambivalente, lo que complica a los niños/as el proceso de asumir la responsabilidad. (Batres, 2003).

Directora*
Tomado de sitio web: http://www.giocondabatres.com
Habemosde.abusosexual@gmail.com

lunes, 22 de agosto de 2016

El clan de las cicatrices


El clan de las cicatrices
Ezequiel D’León Masís   LP 26/07/2016 



Se calcula que 4 de cada 10 nicaragüenses han sufrido abusos sexuales en su infancia. Yo soy uno de ellos. Fui abusado sexualmente en varias ocasiones, antes de alcanzar mis 11 años, por Claudia, trabajadora doméstica que me cuadriplicaba la edad y que además, gozaba de la plena confianza de mis padres y otros excesivos privilegios que ninguna trabajadora doméstica suele tener. Era una especie de ama de llaves altanera y amargadamente “amable”.

La experiencia de abuso en mi caso incluyó sensaciones de placer genital. Siempre minimicé este evento, hasta lo llegué a naturalizar interiormente como “iniciación sexual temprana”. Nunca lo olvidé, ni un solo día. Hoy sé que mi mundo interior se rompió desde entonces.
Padecí a los nueve años mi primera depresión, tuve episodios de culpa intensa que no entendía y una sensación de ser un sucio juguete dañado. Abusar de un niño es alterar todo su sistema afectivo, su auto percepción: el cerebro y el corazón están predispuestos a esa temprana edad a aprender. Injustamente, al violar sus límites corporales y psicológicos, al niño se le enseña que no posee límites en su intimidad. Las secuelas son devastadoras.

El asunto de límites rotos salpicó muchos planos de mi existencia. Mi incapacidad de decir “no, no quiero” a los demás me hacía jugar el papel de ayudador permanente, mi casa y mi cuarto por temporadas era una sala de visitas, trabajaba hasta agotarme en nombre de la justicia social mientras mantenía adicciones, me dejaba llevar por emociones ajenas, viven-cié comúnmente rechazo a la comodidad que aportan los bienes materiales: mi niño herido creía que este “trozo de materia que soy” no merecía nada.

Como adulto sobreviviente creé para mí y para los demás una máscara de prodigalidad y fortaleza ideológica, fue necesaria para seguir vivo. El silencio lo rompí parcialmente a mis 28 años de edad (tengo hoy 33). Hablé por primera vez de mi historia de abuso infantil después de caer en una crisis existencial rodeada por una relación afectiva de codependencia, adicciones, vínculos destructivos, aislamiento auto impuesto y postergación de mis sueños personales más íntimos. Fui diagnosticado con depresión severa mayor en ese primer momento. Literalmente estaba des-realizado y despersonalizado: sentía que ya había muerto, mi cuerpo ardía en fuego vivo, mi cabeza estaba llena de vidrios molidos y voces, las percepciones de mi mente giraban en torno a pánicos incontrolables, cambios de humor bruscos, insomnios prolongados y reacciones conductuales que no tenían que ver nada con el acontecer del entorno. Tuve conciencia de lo que me sucedía, pero estaba en un pozo. Sacaba voluntad de donde no había ganas ni de respirar. Entre desaciertos y aciertos, nunca me di totalmente por vencido. Dos años después de dicha crisis, se confirmó el diagnóstico de bipolaridad.

A partir de ahí, en los últimos cinco años he venido reconstruyéndome como quien une con pega “loca” los tucos de un espejo hiriente para poder encontrar su reflejo. Hasta hace poco he roto el silencio en mi entorno cercano sobre la identidad de la persona que abusó de mí. Cuando lo hice, inmediatamente mi familia y mi compañera de vida actual me creyeron. Que te crean da un alivio enorme. Que no te crean, te destroza. Se hizo un plan con la asistencia de un especialista para alejar a la abusadora de mí, ya que todavía trabajaba campante-mente en casa de mi padre. Es difícil de explicar, pero el pacto de silencio con la agresora era un embrollo psíquico complejo, cargado de contradicciones y nudos sarrosos.

Mi estrategia natural de sobrevivencia

En mi caso, la estrategia de sobre-vivencia que eligió mi alma fue siempre adherirme a ideologías y prácticas extremistas de justicia social: solía trabajar en organizaciones sociales de izquierda militante y estar al servicio de los demás y sus problemas. Terminé quemándome. No veía mis propias necesidades porque no podía ver mis heridas. Todo lo proyectaba exageradamente en temas sociales.

Mi proceso en marcha

Mi proceso de sanación no ha sido lineal en absoluto, ha habido crisis, logros y recaídas. Pero la determinación de continuar ha fraguado mi carácter y ha templado mi espíritu.
Mi camino lo puedo comparar con la línea de un electrocardiograma que, zigzagueante, no deja de avanzar. Esencialmente, puedo resumir que este ha consistido en cinco cosas: 1. Honrar totalmente mi pasado de sobrevivencia porque he sido un león guerrero hasta hoy (fui víctima cuando niño, durante la crisis profunda tuve consciencia de ser sobreviviente y estoy empezando a dejar poco a poco el papel de sobreviviente para ser yo mismo: un ser humano cambiante pleno de presente); 2. Poner en primer lugar mis necesidades (físicas, emocionales, espirituales, económicas, etc.) y esforzarme cada día por satisfacerlas en lo que me sea posible, sanando conscientemente las secuelas del abuso, con límites sanos, paciencia activa; 3. Conocerme interiormente, bajarle el gas al perfeccionismo y aceptar toda emoción o aspecto que descubra en mí, sin juzgarme, sin causarme dolor extra innecesario; 4. Comprometerme de manera radical con el desarrollo de todos mis talentos creativos; y 5. Ser cada vez más selectivo en los vínculos interpersonales, reconociendo que a veces es necesario separarnos y distanciarnos de personas que queremos, pero que no son nutricias.
Seguiré después, en otro artículo, con este tema.

El autor es abogado, artista multidisciplinario y activista de derechos humanos.

Mi proceso de sanación
Ezequiel D’León Masís   LP 20/08/2016 



Si no hubiera contado con el enorme privilegio de tener una red de contención emocional a lo largo de mi crisis depresiva mayor y resto de momentos difíciles, por causa de la violación que sufrí en mi infancia, estuviera probablemente muerto. Agradezco profundamente a mi familia entera que, aunque desintegrada por la historia bélica de mi país, nunca ha perdido su unidad y amor incondicional en los momentos cruciales. Compañeras vinculadas a organizaciones nicaragüenses como Aguas Bravas y yo te creo, me han acompañado. Otras personas maravillosas me han compartido información práctica y sus propios testimonios de sanación de abusos. La contención es una prueba de que la sanación individual es parte de un proceso colectivo mayor.
Tengo la bendición de tener vista y poder leer. Hay textos medulares que han sido amigos íntimos de consulta, yo les llamo mis “bombas atómicas de sanación”, son cinco: El coraje de sanar de Laura Davis y Ellen Bass; Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés, Marcar límites/Respetar límites de AnselmGrün; Despertando el don bipolar  de Eduardo Horacio Grecco y Sentados en el fuego de Arnold Mindell. Los libros no nos sanan, es así, pero son herramientas complementarias para el trabajo interior que vamos haciendo cada día.
La ayuda terapéutica me ha sido fundamental en momentos de crisis. Puedo decir que los terapeutas que conocen el infierno en carne propia y han salido de él son quienes pueden acompañar procesos de manera adecuada. Me ha sido perniciosa la intervención terapéutica de profesionales incompetentes vinculados a supercherías de la Nueva Era: una psicóloga me dijo que fui “abusado por amor”, mientras una consteladora familiar me ubicó en el papel de un asesino ardiendo de culpa ajena sin sacarme del papel nunca y, por último, un psiquiatra afirmó que mi experiencia “no es abuso en sí porque venía de una empleada doméstica supeditada a los posibles antojos sexuales de un varoncito”. Hay que dudar de todo terapeuta, dudar de toda terapia y de toda doctrina. Sea lo que sea que nos llegue a la mano: aquello que nos empuja a canalizar lo que realmente estamos sintiendo, a darle espacio a nuevas emociones y a accionar en el presente es lo único que vale. El resto es basura. Sanar no es una gimnasia, sanar es ser responsables de nuestra propia vida y asumir sus retos cotidianos. Lo ideal es que un especialista en abuso sexual infantil aborde el proceso horizontalmente, de lo contrario el abuso puede repetirse desde el poder de la silla del terapeuta. Lo peor: hacer migas con el terapeuta, inmediatamente lo descalifica como tal.
“El abuso —me decía una vez una escritora sobreviviente de incesto— me partió en dos”. Tengo muy pocas cosas claras en la vida. Una de ellas es que la vida es muy breve y que merezco vivir de forma saludable; la otra es que el perdón que sí me es útil es el auto-perdón, exclusivamente ese.
Las religiones y las prácticas espirituales, casi sin excepción, han vuelto pecaminosa la rabia, el enojo, la ira, la sed de venganza retributiva. A mí me fue de gran ayuda por un tiempo unirme a un grupo cristiano que aplica los doce pasos de Alcohólicos Anónimos, pero al cabo de un tiempo descubrí que no me resultaba sano agregar culpas extras a la culpa infantil que, de origen ya, no me pertenecía, ni mucho menos seguir sofocando la rabia contenida durante tantos años. Así que, agradecido, lo abandoné.
Los indígenas lacandones encarnan el concepto vivo de la “digna rabia”. La rabia, cuando se canaliza cotidianamente, sin padecer culpa, sin hacernos daños ni dañar a otros, es altamente curativa y dignifica el espíritu. El niño herido habita en el adulto sobreviviente y quiere ser defendido. Dentro de uno existe una gigantesca fuente de rabia que, muchas veces, por no encontrar vías para su debida expresión, termina por generar síntomas corporales o trastornos psíquicos graves. La depresión es odio a sí mismo, pero al odio hay que verlo, aceptarlo sin tapujos religiosos y dirigirlo hacia los agresores.
Las grandes crisis nos llegan para invitarnos a hacer cambios contundentes y ajustes de creencias.
Mi sanación interna se ha activado desde la vía de la ocupación laboral, el ejercicio físico, la creatividad expresiva en todas sus formas, el contacto continuo con ambientes naturales, el cuido de la nutrición y sentarme a respirar en silencio (zazen). La sanación es un acto de voluntad tan personal, tan único como posible, real. El entorno en que nos movemos y los hábitos que absorben nuestra atención son determinantes.

Cuando uno ha roto el silencio calcificado sobre un secreto doloroso del pasado, sanar es irreversible y el poder personal aumenta. Obvio: se necesitan personas aliadas que no nos carguen, pero sí que nos animen. El proceso agudiza la consciencia de sí, mi proceso va en marcha junto con la vida misma.
Romper el silencio me brindó la posibilidad de zurcir el mundo roto, prevenir traumas de abuso en el futuro de las familias que me rodean y en la comunidad en la que vivo.
La neurociencia ha comprobado que el proceso de sanación de abusos sexuales en la infancia dura toda la vida, pero quienes afrontan consciente-mente dicho proceso modifican significativamente sus percepciones. Luego de cinco años de trabajo interior, entre subidas y bajones, puedo dar fe que una vez que se ha avanzado con voluntad, sinceridad y pies sobre la tierra, las heridas duelen mucho menos, dejan de supurar pus y, por fin, comienzan a cicatrizar.
Cuando me preguntan a qué “religión” o “ideología política” pertenezco, respondo sonriendo: “Soy devoto de Lo Que Es. Pertenezco al Clan de las Cicatrices”.
 

El autor es abogado, artista multidisciplinario y activista de derechos humanos.

sábado, 23 de julio de 2016

Nunca más gritos sin voz.



El ser un observador ciudadano no es tarea fácil.

Sobre todo en estos días donde la figura de representante de la sociedad civil o defensor de derechos humanos es un estereotipo muy dañado.
Pero sigo convencido que el único cambio a los grandes problemas que aquejan a la humanidad vendrá del trabajo organizado de la sociedad civil.
Desde mi óptica y experiencia personal, muchos son los obstáculos para poder seguir avanzando.
Es por eso que un activismo real a favor de los grupos más desprotegidos, como son los niños. Termina siendo una tarea titánica y muy cuesta arriba.
Pero si no lo seguimos intentando, tal vez nadie más lo hará.
Esa debe ser la mejor apuesta.


Miguel Adame.

sábado, 2 de julio de 2016

¿Cómo prevenir el abuso sexual infantil?






El abuso sexual infantil podría definirse como el poder que ejerce un adulto para someter a una persona menor de edad para satisfacerse, en ese orden de ideas, la penetración no es la única forma de que se genere un abuso sexual hacia un menor, acciones como tocarlo, tener conversaciones o compartir películas con alto contenido sexual, serían otros tipos de abuso, así lo explicó el presidente de la ONG, Cecodap, Oscar Misle.

El cómplice es el silencio
Según las estadísticas que se manejan, al menos el 80% o 90% de las víctimas son niñas, sin embargo Misle considera que los niños son menos, porque "cuando es el varón, la familia teme que se dude de la inclinación sexual" del infante, y no hace la denuncia.
Asimismo, el más 80% de los casos trata de personas con quien la familia y la víctima tiene vínculos afectivos, por lo que este "se vale de la cercanía con la niña o el niño”.
"Las estadísticas no existen, es muy difícil porque la gente no denuncia por tabúes", aseguró el representante de la ONG, enfatizando en que existen las llamadas "cifras negras” siendo estas las que se ocultan, esto afirmó que "el cómplice del abuso sexual es el silencio".
Prevención
El agresor no siempre da señales de ser una persona enferma, al contrario, es una persona que tiene la capacidad de ganarse la confianza de la familia, así como la del pequeño, usualmente inicia con caricias no sexuales y avanza lentamente para confundir al niño, de este modo, también sabe manipularlo para que no sienta que lo que está pasando es algo malo.
Aunque muchas personas piensan que estas situaciones se dan en una habitación durante la noche, esto puede ocurrir también en espacios donde el agresor sienta que no será descubierto, como por ejemplo en una escuela o en un carro.
Entonces ¿qué pueden hacer los padres para prevenir que esto ocurra?
Es de suma importancia la comunicación entre los padres y el pequeño, nombrar las cosas como son e impartirle educación sexual desde los primeros años, para que se vaya autoprotegiendo.
-Educarlo para que este conozca su propio cuerpo
- Que adquiera pudor
- Que aprenda a decir no, si alguien toca sus genitales.

- También hay casos de abusos por toma de fotografías o grabación de películas, en este caso es importante enseñarle al pequeño a no desvestirse delante de un adulto que no sean sus padres.
Como padres, es importante mantenerse atento, conversar con el niño o niña.

-Este tipo de acciones son muy recurrentes en los colegios por lo que además de la educación sexual, es importante que el pequeño esté al tanto del tema de la violencia.
Señales

El infante que ha sufrido de abuso, probablemente empezará a cambiar su actitud, dando algunas señales de que algo no va bien, es por ello que hay que estar atento, si presenta alguna de estas conductas:
- Angustia
- Deja de mirar a los adultos a los ojos
- Se toca los genitales con frecuencia
- Presenta irritación en los genitales
- Empieza a tener regresiones como a orinarse o defecarse encima
- Le da miedo estar solo
- Sufre de constantes terrores nocturnos

En muchos de los casos, las familias acuden a un médico para que revise al niño y podría pasar que este, sospechando lo ocurrido, no del diagnóstico debido al temor de verse involucrado en un tema legal. Por eso Misle considera necesario hacer un llamado a los galenos para que hablen y den el correcto diagnóstico.

¿Cómo actuar?


- La comunicación es prioridad, es por ello que siempre hay que buscar la forma de conversar.
- Tener conciencia de que el niño no es el culpable, y hacérselo saber
- No sumar tensión, prejuicio o tabúes a lo ocurrido.
- Contactar “que estoy sintiendo” con lo que le ocurre al niño.
- Buscar apoyo
- Mantener la calma
- Creerle al niño
- No ocultarlo



El hecho que el niño haya sido abusado por alguien de su mismo sexo, no cambia la orientación sexual de la víctima.

El presidente de Cecodap, aseguró que "hay que denunciarlo, es un delito y no se puede conciliar", al tiempo que sostuvo que al hacer la denuncia, es importante no dejar pasar el tiempo.

2016-07-01

Por primera vez poder decir soy Sobreviviente de Abuso Infantil.


Después de mucho tiempo de haber agregado el grupo a mis contactos y de seguir periódicamente las publicaciones decidí compartir mi caso, ya que mi vida ha sido una montaña rusa y al mirar atrás lo único que no me permite vivir plenamente es esa falta de aceptación de lo que viví en la infancia y que me ha llevado a estar enredado en un mundo de drogas, sexo sin protección y deseos de querer morir a pesar de que mi vida es fabulosa, profesionista,  he tenido trabajos maravillosos, un nivel de vida medio alto, he viajado fuera del país y estoy rodeado de maravillosos amigos y familiares, aun así eso no es suficiente.

Existe un vacio muy hondo en mi vida, al hacer memoria vienen a mi mente recuerdos de cuando era niño, era un niño muy frágil hijo de una madre sobreprotectora y un padre enérgico criado a la antigua. Debido a la situación económica mi madre decidió que era mejor irnos de la ciudad y estar solos, para esto tenía que trabajar mucho lavando ropa ajena y vendiendo ropa que compraba en Texcoco los fines de semana, el único objetivo era que tuviera la mejor educación posible (gracias a Dios así fue). Para poder trabajar así había necesidad de que me cuidarán mis tíos, quienes tenían 6 hijos hombres, en teoría cual podría ser el problema muchachos adolescentes que me querían mucho, mi madre apoyaba con los gastos de la casa, con lo que la vida era muy buena. Mi vida iba entre juegos, comer y dormir, recuerdo haber tenido como 3 o 4 años, de repente todo cambio, los juegos cambiaron de forma y recuerdo en una ocasión estar encerrados en una recamara con mis 6 primos tres de ellos adolescentes (entre 13-15 años) y los demás de entre 7 y 9, recuerdo estar con ellos y decirme que íbamos a jugar un nuevo juego que me iba a gustar, me bajan el pantalón y proceden a penetrarme uno a uno los tres mayores, mientras me dicen al oído que me quieren mucho, que no le diga a nadie, los demás solo observaban.
En otras ocasiones el mayor de ellos, me llevaba al baño y solo recuerdo estar girando alrededor, en espera de que abusara de mi sobre la taza del baño, no recuerdo nunca haber llorado, para mí esos eran los únicos momentos en donde existía contacto físico con alguien, mi madre llegaba muy cansada como para darme una caricia. Disfrutaba esos momentos enormemente.
Supongo que en algún momento mi madre se dio cuenta o mis tios, ya que repentinamente nos cambiamos de casa y no volvimos nunca más. Al llegar a esa nueva casa rara vez tenía contacto con vecinos, ahora mi madre me llevaba con ella, recuerdo que esto duro alrededor de 1 año, era pequeño y para mi madre era doloroso ver que yo sufría mientras ella trabajaba (no sabía que era peor lo que podía ocurrir en casa), por lo que decidió dejarme a cargo de una vecina, quien solo tenía dos hijos uno que nunca se encontraba y un adolescente de alrededor de 15 años, Jorge se llamaba. La dinámica era diferente, solo me echarían un ojo por si algo me hacía falta. Que podría resultar mal. Desafortunadamente, creo que mi fragilidad e introversión me hacían vulnerable, y en una ocasión mientras requería que me arreglaran la TV, llego Jorge y me empezó a acariciar. Yo quería una caricia, sentir que alguien me quería, tenía 6 años. Comenzó a decirme que si me gustaba que me acariciaran, que quien más me había acariciado y cómo. Inmediatamente comenzaron los abusos, yo no sabía que eso estaba mal solo quería que me quisieran un poco.  Eran departamentos y quizás lo había hecho con otros niños porque en una ocasión llegue a casa de unos vecinos (un niño y una niña) y al ponernos a jugar recuerdo estar desnudo en la cama con ambos, ella de alrededor de 9 años pedía que estuviera su hermano de un lado y yo del otro. Al recordarlo recuerdo que me dio mucho miedo, asco, comenzaba a sentirme mal.

Nuevamente mi madre opto por lo mejor para mí y nos fuimos a otra casa, nunca supe que hablaban los mayores o como, pero terminábamos en otra casa. 

Para estas épocas, ya no sentía nada, nos mudábamos de casa, mi espacio cambiaba completamente, perdía a la gente que me propiciaba las únicas caricias, me seguía hundiendo. Lo único que me mantenía firme era el estudio, me encerraba en los libros, en las Telenovelas y en la fantasía. Mi madre seguía trabajando para darme la mejor educación y gracias a Dios lo supe aprovechar. Pasaron muchos años, nos metimos a una Iglesia cristiana, conseguí una beca para una de las escuelas más prestigiosas del país y comencé a vivir, en teoría.

Nunca hubo relaciones amorosas, solo una vez me enamore de una chica de la secundaria, por única vez en la vida abrí mi corazón, el cual se rompió en mil pedazos, nunca más he vuelto a sostener una relación amorosa, durante muchos años no permitía que se me acercaran. Me daba miedo el contacto físico. Comenzaron las luchas entre la iglesia y mi orientación sexual, soy gay, no puede ser, es lo peor que le podía suceder a mi vida. El miedo al contacto, el miedo a las relaciones, el ser religioso puritano y gay fue una combinación muy complicada, la única salida que encontré fue la de las drogas, primero intente el suicidio varias veces, pero Dios tenía un plan diferente. 

Inmerso en un mundo de drogas por 15 años, intentando aceptar una realidad que paso hace 32 años, haciendo todo lo posible por vivir y aceptar que ya todo paso. Y que gracias a Dios que estoy vivo y que la vida sigue presentándose llena de posibilidades, un nuevo trabajo, con nuevas salidas al extranjero, una nueva vida y por primera vez poder decir soy Sobreviviente de Abuso Infantil.

Anónimo.

viernes, 1 de julio de 2016

El abuso infantil predispone a la adicción a drogas

Para realizar el estudio se seleccionó a una muestra representativa de 21.544 adultos canadienses del 2012 Canadian Community Health Survey-Mental Health. De ellos, 628 habían sido adictos a drogas, y 849 dependientes del alcohol en algún momento de su vida. Aun teniendo en cuenta otros factores de riesgo que aumentan el riesgo de consumir estas sustancias, como los trastornos mentales y la falta de recursos económicos o de apoyo social, tanto el abuso sexual, como el físico, se asociaron al doble de probabilidades de desarrollar dependencia de las drogas.
La profesora Esme Fuller-Thomson de la Universidad de Toronto, y autora principal del trabajo, ha declarado que tanto el abuso físico como el sexual, fuese este directo o indirecto (en el caso de ser el menor testigo de violencia doméstica de sus padres), son formas de victimización infantil relacionadas con el consumo de drogas y, en concreto, que la exposición continuada a la violencia doméstica de los progenitores se asoció de manera significativa con la dependencia de drogas o alcohol.
La investigadora ha añadido que una de cada siete personas adultas con dependencia del alcohol o las drogas había experimentado violencia doméstica crónica en su hogar paterno -la situación se había producido 11 o más veces antes de que el individuo tuviera 16 años de edad-, frente a una de cada 25 en la población general. En su opinión, un hogar familiar desestructurado y violento puede predisponer a los individuos a recurrir al alcohol o las drogas como una forma de enfrentarse a la situación.