lunes, 22 de agosto de 2016

El clan de las cicatrices

 

El clan de las cicatrices

Ezequiel D’León Masís   LP 26/07/2016 

http://www.laprensa.com.ni/2016/07/26/opinion/2073673-el-clan-de-las-cicatrices

 

 

 

Se calcula que 4 de cada 10 nicaragüenses han sufrido abusos sexuales en su infancia. Yo soy uno de ellos. Fui abusado sexualmente en varias ocasiones, antes de alcanzar mis 11 años, por Claudia, trabajadora doméstica que me cuadriplicaba la edad y que además, gozaba de la plena confianza de mis padres y otros excesivos privilegios que ninguna trabajadora doméstica suele tener. Era una especie de ama de llaves altanera y amargadamente “amable”.

La experiencia de abuso en mi caso incluyó sensaciones de placer genital. Siempre minimicé este evento, hasta lo llegué a naturalizar interiormente como “iniciación sexual temprana”. Nunca lo olvidé, ni un solo día. Hoy sé que mi mundo interior se rompió desde entonces.

Padecí a los nueve años mi primera depresión, tuve episodios de culpa intensa que no entendía y una sensación de ser un sucio juguete dañado. Abusar de un niño es alterar todo su sistema afectivo, su autopercepción: el cerebro y el corazón están predispuestos a esa temprana edad a aprender. Injustamente, al violar sus límites corporales y psicológicos, al niño se le enseña que no posee límites en su intimidad. Las secuelas son devastadoras.

El asunto de límites rotos salpicó muchos planos de mi existencia. Mi incapacidad de decir “no, no quiero” a los demás me hacía jugar el papel de ayudador permanente, mi casa y mi cuarto por temporadas era una sala de visitas, trabajaba hasta agotarme en nombre de la justicia social mientras mantenía adicciones, me dejaba llevar por emociones ajenas, vivencié comúnmente rechazo a la comodidad que aportan los bienes materiales: mi niño herido creía que este “trozo de materia que soy” no merecía nada.

Como adulto sobreviviente creé para mí y para los demás una máscara de prodigalidad y fortaleza ideológica, fue necesaria para seguir vivo. El silencio lo rompí parcialmente a mis 28 años de edad (tengo hoy 33). Hablé por primera vez de mi historia de abuso infantil después de caer en una crisis existencial rodeada por una relación afectiva de codependencia, adicciones, vínculos destructivos, aislamiento autoimpuesto y postergación de mis sueños personales más íntimos. Fui diagnosticado con depresión severa mayor en ese primer momento. Literalmente estaba desrealizado y despersonalizado: sentía que ya había muerto, mi cuerpo ardía en fuego vivo, mi cabeza estaba llena de vidrios molidos y voces, las percepciones de mi mente giraban en torno a pánicos incontrolables, cambios de humor bruscos, insomnios prolongados y reacciones conductuales que no tenían que ver nada con el acontecer del entorno. Tuve conciencia de lo que me sucedía, pero estaba en un pozo. Sacaba voluntad de donde no había ganas ni de respirar. Entre desaciertos y aciertos, nunca me di totalmente por vencido. Dos años después de dicha crisis, se confirmó el diagnóstico de bipolaridad.

A partir de ahí, en los últimos cinco años he venido reconstruyéndome como quien une con pega “loca” los tucos de un espejo hiriente para poder encontrar su reflejo. Hasta hace poco he roto el silencio en mi entorno cercano sobre la identidad de la persona que abusó de mí. Cuando lo hice, inmediatamente mi familia y mi compañera de vida actual me creyeron. Que te crean da un alivio enorme. Que no te crean, te destroza. Se hizo un plan con la asistencia de un especialista para alejar a la abusadora de mí, ya que todavía trabajaba campantemente en casa de mi padre. Es difícil de explicar, pero el pacto de silencio con la agresora era un embrollo psíquico complejo, cargado de contradicciones y nudos sarrosos.

Mi estrategia natural de sobrevivencia

En mi caso, la estrategia de sobrevivencia que eligió mi alma fue siempre adherirme a ideologías y prácticas extremistas de justicia social: solía trabajar en organizaciones sociales de izquierda militante y estar al servicio de los demás y sus problemas. Terminé quemándome. No veía mis propias necesidades porque no podía ver mis heridas. Todo lo proyectaba exageradamente en temas sociales.

Mi proceso en marcha

Mi proceso de sanación no ha sido lineal en absoluto, ha habido crisis, logros y recaídas. Pero la determinación de continuar ha fraguado mi carácter y ha templado mi espíritu.

Mi camino lo puedo comparar con la línea de un electrocardiograma que, zigzagueante, no deja de avanzar. Esencialmente, puedo resumir que este ha consistido en cinco cosas: 1. Honrar totalmente mi pasado de sobrevivencia porque he sido un león guerrero hasta hoy (fui víctima cuando niño, durante la crisis profunda tuve consciencia de ser sobreviviente y estoy empezando a dejar poco a poco el papel de sobreviviente para ser yo mismo: un ser humano cambiante pleno de presente); 2. Poner en primer lugar mis necesidades (físicas, emocionales, espirituales, económicas, etc.) y esforzarme cada día por satisfacerlas en lo que me sea posible, sanando conscientemente las secuelas del abuso, con límites sanos, paciencia activa; 3. Conocerme interiormente, bajarle el gas al perfeccionismo y aceptar toda emoción o aspecto que descubra en mí, sin juzgarme, sin causarme dolor extra innecesario; 4. Comprometerme de manera radical con el desarrollo de todos mis talentos creativos; y 5. Ser cada vez más selectivo en los vínculos interpersonales, reconociendo que a veces es necesario separarnos y distanciarnos de personas que queremos, pero que no son nutricias.
Seguiré después, en otro artículo, con este tema.

El autor es abogado, artista multidisciplinario y activista de derechos humanos.

 

Mi proceso de sanación

Ezequiel D’León Masís   LP 20/08/2016 

http://www.laprensa.com.ni/2016/08/20/opinion/2086408-mi-proceso-de-sanacion

 

 

 

Si no hubiera contado con el enorme privilegio de tener una red de contención emocional a lo largo de mi crisis depresiva mayor y resto de momentos difíciles, por causa de la violación que sufrí en mi infancia, estuviera probablemente muerto. Agradezco profundamente a mi familia entera que, aunque desintegrada por la historia bélica de mi país, nunca ha perdido su unidad y amor incondicional en los momentos cruciales. Compañeras vinculadas a organizaciones nicaragüenses como Aguas Bravas y yo te creo, me han acompañado. Otras personas maravillosas me han compartido información práctica y sus propios testimonios de sanación de abusos. La contención es una prueba de que la sanación individual es parte de un proceso colectivo mayor.

Tengo la bendición de tener vista y poder leer. Hay textos medulares que han sido amigos íntimos de consulta, yo les llamo mis “bombas atómicas de sanación”, son cinco: El coraje de sanar de Laura Davis y Ellen Bass; Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés, Marcar límites/Respetar límites de AnselmGrün; Despertando el don bipolar  de Eduardo Horacio Grecco y Sentados en el fuego de Arnold Mindell. Los libros no nos sanan, es así, pero son herramientas complementarias para el trabajo interior que vamos haciendo cada día.

La ayuda terapéutica me ha sido fundamental en momentos de crisis. Puedo decir que los terapeutas que conocen el infierno en carne propia y han salido de él son quienes pueden acompañar procesos de manera adecuada. Me ha sido perniciosa la intervención terapéutica de profesionales incompetentes vinculados a supercherías de la Nueva Era: una psicóloga me dijo que fui “abusado por amor”, mientras una consteladora familiar me ubicó en el papel de un asesino ardiendo de culpa ajena sin sacarme del papel nunca y, por último, un psiquiatra afirmó que mi experiencia “no es abuso en sí porque venía de una empleada doméstica supeditada a los posibles antojos sexuales de un varoncito”. Hay que dudar de todo terapeuta, dudar de toda terapia y de toda doctrina. Sea lo que sea que nos llegue a la mano: aquello que nos empuja a canalizar lo que realmente estamos sintiendo, a darle espacio a nuevas emociones y a accionar en el presente es lo único que vale. El resto es basura. Sanar no es una gimnasia, sanar es ser responsables de nuestra propia vida y asumir sus retos cotidianos. Lo ideal es que un especialista en abuso sexual infantil aborde el proceso horizontalmente, de lo contrario el abuso puede repetirse desde el poder de la silla del terapeuta. Lo peor: hacer migas con el terapeuta, inmediatamente lo descalifica como tal.

“El abuso —me decía una vez una escritora sobreviviente de incesto— me partió en dos”. Tengo muy pocas cosas claras en la vida. Una de ellas es que la vida es muy breve y que merezco vivir de forma saludable; la otra es que el perdón que sí me es útil es el autoperdón, exclusivamente ese.

Las religiones y las prácticas espirituales, casi sin excepción, han vuelto pecaminosa la rabia, el enojo, la ira, la sed de venganza retributiva. A mí me fue de gran ayuda por un tiempo unirme a un grupo cristiano que aplica los doce pasos de Alcohólicos Anónimos, pero al cabo de un tiempo descubrí que no me resultaba sano agregar culpas extras a la culpa infantil que, de origen ya, no me pertenecía, ni mucho menos seguir sofocando la rabia contenida durante tantos años. Así que, agradecido, lo abandoné.

Los indígenas lacandones encarnan el concepto vivo de la “digna rabia”. La rabia, cuando se canaliza cotidianamente, sin padecer culpa, sin hacernos daños ni dañar a otros, es altamente curativa y dignifica el espíritu. El niño herido habita en el adulto sobreviviente y quiere ser defendido. Dentro de uno existe una gigantesca fuente de rabia que, muchas veces, por no encontrar vías para su debida expresión, termina por generar síntomas corporales o trastornos psíquicos graves. La depresión es odio a sí mismo, pero al odio hay que verlo, aceptarlo sin tapujos religiosos y dirigirlo hacia los agresores.

Las grandes crisis nos llegan para invitarnos a hacer cambios contundentes y ajustes de creencias.
Mi sanación interna se ha activado desde la vía de la ocupación laboral, el ejercicio físico, la creatividad expresiva en todas sus formas, el contacto continuo con ambientes naturales, el cuido de la nutrición y sentarme a respirar en silencio (zazen). La sanación es un acto de voluntad tan personal, tan único como posible, real. El entorno en que nos movemos y los hábitos que absorben nuestra atención son determinantes.

Cuando uno ha roto el silencio calcificado sobre un secreto doloroso del pasado, sanar es irreversible y el poder personal aumenta. Obvio: se necesitan personas aliadas que no nos carguen, pero sí que nos animen. El proceso agudiza la consciencia de sí, mi proceso va en marcha junto con la vida misma.

Romper el silencio me brindó la posibilidad de zurcir el mundo roto, prevenir traumas de abuso en el futuro de las familias que me rodean y en la comunidad en la que vivo.

La neurociencia ha comprobado que el proceso de sanación de abusos sexuales en la infancia dura toda la vida, pero quienes afrontan conscientemente dicho proceso modifican significativamente sus percepciones. Luego de cinco años de trabajo interior, entre subidas y bajones, puedo dar fe que una vez que se ha avanzado con voluntad, sinceridad y pies sobre la tierra, las heridas duelen mucho menos, dejan de supurar pus y, por fin, comienzan a cicatrizar.

Cuando me preguntan a qué “religión” o “ideología política” pertenezco, respondo sonriendo: “Soy devoto de Lo Que Es. Pertenezco al Clan de las Cicatrices”.
 

El autor es abogado, artista multidisciplinario y activista de derechos humanos.

sábado, 23 de julio de 2016

Nunca más gritos sin voz.



El ser un observador ciudadano no es tarea fácil.

Sobre todo en estos días donde la figura de representante de la sociedad civil o defensor de derechos humanos es un estereotipo muy dañado.
Pero sigo convencido que el único cambio a los grandes problemas que aquejan a la humanidad vendrá del trabajo organizado de la sociedad civil.
Desde mi óptica y experiencia personal, muchos son los obstáculos para poder seguir avanzando.
Es por eso que un activismo real a favor de los grupos más desprotegidos, como son los niños. Termina siendo una tarea titánica y muy cuesta arriba.
Pero si no lo seguimos intentando, tal vez nadie más lo hará.
Esa debe ser la mejor apuesta.


Miguel Adame.

sábado, 2 de julio de 2016

¿Cómo prevenir el abuso sexual infantil?






El abuso sexual infantil podría definirse como el poder que ejerce un adulto para someter a una persona menor de edad para satisfacerse, en ese orden de ideas, la penetración no es la única forma de que se genere un abuso sexual hacia un menor, acciones como tocarlo, tener conversaciones o compartir películas con alto contenido sexual, serían otros tipos de abuso, así lo explicó el presidente de la ONG, Cecodap, Oscar Misle.

El cómplice es el silencio
Según las estadísticas que se manejan, al menos el 80% o 90% de las víctimas son niñas, sin embargo Misle considera que los niños son menos, porque "cuando es el varón, la familia teme que se dude de la inclinación sexual" del infante, y no hace la denuncia.
Asimismo, el más 80% de los casos trata de personas con quien la familia y la víctima tiene vínculos afectivos, por lo que este "se vale de la cercanía con la niña o el niño”.
"Las estadísticas no existen, es muy difícil porque la gente no denuncia por tabúes", aseguró el representante de la ONG, enfatizando en que existen las llamadas "cifras negras” siendo estas las que se ocultan, esto afirmó que "el cómplice del abuso sexual es el silencio".
Prevención
El agresor no siempre da señales de ser una persona enferma, al contrario, es una persona que tiene la capacidad de ganarse la confianza de la familia, así como la del pequeño, usualmente inicia con caricias no sexuales y avanza lentamente para confundir al niño, de este modo, también sabe manipularlo para que no sienta que lo que está pasando es algo malo.
Aunque muchas personas piensan que estas situaciones se dan en una habitación durante la noche, esto puede ocurrir también en espacios donde el agresor sienta que no será descubierto, como por ejemplo en una escuela o en un carro.
Entonces ¿qué pueden hacer los padres para prevenir que esto ocurra?
Es de suma importancia la comunicación entre los padres y el pequeño, nombrar las cosas como son e impartirle educación sexual desde los primeros años, para que se vaya autoprotegiendo.
-Educarlo para que este conozca su propio cuerpo
- Que adquiera pudor
- Que aprenda a decir no, si alguien toca sus genitales.

- También hay casos de abusos por toma de fotografías o grabación de películas, en este caso es importante enseñarle al pequeño a no desvestirse delante de un adulto que no sean sus padres.
Como padres, es importante mantenerse atento, conversar con el niño o niña.

-Este tipo de acciones son muy recurrentes en los colegios por lo que además de la educación sexual, es importante que el pequeño esté al tanto del tema de la violencia.
Señales

El infante que ha sufrido de abuso, probablemente empezará a cambiar su actitud, dando algunas señales de que algo no va bien, es por ello que hay que estar atento, si presenta alguna de estas conductas:
- Angustia
- Deja de mirar a los adultos a los ojos
- Se toca los genitales con frecuencia
- Presenta irritación en los genitales
- Empieza a tener regresiones como a orinarse o defecarse encima
- Le da miedo estar solo
- Sufre de constantes terrores nocturnos

En muchos de los casos, las familias acuden a un médico para que revise al niño y podría pasar que este, sospechando lo ocurrido, no del diagnóstico debido al temor de verse involucrado en un tema legal. Por eso Misle considera necesario hacer un llamado a los galenos para que hablen y den el correcto diagnóstico.

¿Cómo actuar?


- La comunicación es prioridad, es por ello que siempre hay que buscar la forma de conversar.
- Tener conciencia de que el niño no es el culpable, y hacérselo saber
- No sumar tensión, prejuicio o tabúes a lo ocurrido.
- Contactar “que estoy sintiendo” con lo que le ocurre al niño.
- Buscar apoyo
- Mantener la calma
- Creerle al niño
- No ocultarlo



El hecho que el niño haya sido abusado por alguien de su mismo sexo, no cambia la orientación sexual de la víctima.

El presidente de Cecodap, aseguró que "hay que denunciarlo, es un delito y no se puede conciliar", al tiempo que sostuvo que al hacer la denuncia, es importante no dejar pasar el tiempo.

2016-07-01

Por primera vez poder decir soy Sobreviviente de Abuso Infantil.


Después de mucho tiempo de haber agregado el grupo a mis contactos y de seguir periódicamente las publicaciones decidí compartir mi caso, ya que mi vida ha sido una montaña rusa y al mirar atrás lo único que no me permite vivir plenamente es esa falta de aceptación de lo que viví en la infancia y que me ha llevado a estar enredado en un mundo de drogas, sexo sin protección y deseos de querer morir a pesar de que mi vida es fabulosa, profesionista,  he tenido trabajos maravillosos, un nivel de vida medio alto, he viajado fuera del país y estoy rodeado de maravillosos amigos y familiares, aun así eso no es suficiente.

Existe un vacio muy hondo en mi vida, al hacer memoria vienen a mi mente recuerdos de cuando era niño, era un niño muy frágil hijo de una madre sobreprotectora y un padre enérgico criado a la antigua. Debido a la situación económica mi madre decidió que era mejor irnos de la ciudad y estar solos, para esto tenía que trabajar mucho lavando ropa ajena y vendiendo ropa que compraba en Texcoco los fines de semana, el único objetivo era que tuviera la mejor educación posible (gracias a Dios así fue). Para poder trabajar así había necesidad de que me cuidarán mis tíos, quienes tenían 6 hijos hombres, en teoría cual podría ser el problema muchachos adolescentes que me querían mucho, mi madre apoyaba con los gastos de la casa, con lo que la vida era muy buena. Mi vida iba entre juegos, comer y dormir, recuerdo haber tenido como 3 o 4 años, de repente todo cambio, los juegos cambiaron de forma y recuerdo en una ocasión estar encerrados en una recamara con mis 6 primos tres de ellos adolescentes (entre 13-15 años) y los demás de entre 7 y 9, recuerdo estar con ellos y decirme que íbamos a jugar un nuevo juego que me iba a gustar, me bajan el pantalón y proceden a penetrarme uno a uno los tres mayores, mientras me dicen al oído que me quieren mucho, que no le diga a nadie, los demás solo observaban.
En otras ocasiones el mayor de ellos, me llevaba al baño y solo recuerdo estar girando alrededor, en espera de que abusara de mi sobre la taza del baño, no recuerdo nunca haber llorado, para mí esos eran los únicos momentos en donde existía contacto físico con alguien, mi madre llegaba muy cansada como para darme una caricia. Disfrutaba esos momentos enormemente.
Supongo que en algún momento mi madre se dio cuenta o mis tios, ya que repentinamente nos cambiamos de casa y no volvimos nunca más. Al llegar a esa nueva casa rara vez tenía contacto con vecinos, ahora mi madre me llevaba con ella, recuerdo que esto duro alrededor de 1 año, era pequeño y para mi madre era doloroso ver que yo sufría mientras ella trabajaba (no sabía que era peor lo que podía ocurrir en casa), por lo que decidió dejarme a cargo de una vecina, quien solo tenía dos hijos uno que nunca se encontraba y un adolescente de alrededor de 15 años, Jorge se llamaba. La dinámica era diferente, solo me echarían un ojo por si algo me hacía falta. Que podría resultar mal. Desafortunadamente, creo que mi fragilidad e introversión me hacían vulnerable, y en una ocasión mientras requería que me arreglaran la TV, llego Jorge y me empezó a acariciar. Yo quería una caricia, sentir que alguien me quería, tenía 6 años. Comenzó a decirme que si me gustaba que me acariciaran, que quien más me había acariciado y cómo. Inmediatamente comenzaron los abusos, yo no sabía que eso estaba mal solo quería que me quisieran un poco.  Eran departamentos y quizás lo había hecho con otros niños porque en una ocasión llegue a casa de unos vecinos (un niño y una niña) y al ponernos a jugar recuerdo estar desnudo en la cama con ambos, ella de alrededor de 9 años pedía que estuviera su hermano de un lado y yo del otro. Al recordarlo recuerdo que me dio mucho miedo, asco, comenzaba a sentirme mal.

Nuevamente mi madre opto por lo mejor para mí y nos fuimos a otra casa, nunca supe que hablaban los mayores o como, pero terminábamos en otra casa. 

Para estas épocas, ya no sentía nada, nos mudábamos de casa, mi espacio cambiaba completamente, perdía a la gente que me propiciaba las únicas caricias, me seguía hundiendo. Lo único que me mantenía firme era el estudio, me encerraba en los libros, en las Telenovelas y en la fantasía. Mi madre seguía trabajando para darme la mejor educación y gracias a Dios lo supe aprovechar. Pasaron muchos años, nos metimos a una Iglesia cristiana, conseguí una beca para una de las escuelas más prestigiosas del país y comencé a vivir, en teoría.

Nunca hubo relaciones amorosas, solo una vez me enamore de una chica de la secundaria, por única vez en la vida abrí mi corazón, el cual se rompió en mil pedazos, nunca más he vuelto a sostener una relación amorosa, durante muchos años no permitía que se me acercaran. Me daba miedo el contacto físico. Comenzaron las luchas entre la iglesia y mi orientación sexual, soy gay, no puede ser, es lo peor que le podía suceder a mi vida. El miedo al contacto, el miedo a las relaciones, el ser religioso puritano y gay fue una combinación muy complicada, la única salida que encontré fue la de las drogas, primero intente el suicidio varias veces, pero Dios tenía un plan diferente. 

Inmerso en un mundo de drogas por 15 años, intentando aceptar una realidad que paso hace 32 años, haciendo todo lo posible por vivir y aceptar que ya todo paso. Y que gracias a Dios que estoy vivo y que la vida sigue presentándose llena de posibilidades, un nuevo trabajo, con nuevas salidas al extranjero, una nueva vida y por primera vez poder decir soy Sobreviviente de Abuso Infantil.

Anónimo.

viernes, 1 de julio de 2016

El abuso infantil predispone a la adicción a drogas

Para realizar el estudio se seleccionó a una muestra representativa de 21.544 adultos canadienses del 2012 Canadian Community Health Survey-Mental Health. De ellos, 628 habían sido adictos a drogas, y 849 dependientes del alcohol en algún momento de su vida. Aun teniendo en cuenta otros factores de riesgo que aumentan el riesgo de consumir estas sustancias, como los trastornos mentales y la falta de recursos económicos o de apoyo social, tanto el abuso sexual, como el físico, se asociaron al doble de probabilidades de desarrollar dependencia de las drogas.
La profesora Esme Fuller-Thomson de la Universidad de Toronto, y autora principal del trabajo, ha declarado que tanto el abuso físico como el sexual, fuese este directo o indirecto (en el caso de ser el menor testigo de violencia doméstica de sus padres), son formas de victimización infantil relacionadas con el consumo de drogas y, en concreto, que la exposición continuada a la violencia doméstica de los progenitores se asoció de manera significativa con la dependencia de drogas o alcohol.
La investigadora ha añadido que una de cada siete personas adultas con dependencia del alcohol o las drogas había experimentado violencia doméstica crónica en su hogar paterno -la situación se había producido 11 o más veces antes de que el individuo tuviera 16 años de edad-, frente a una de cada 25 en la población general. En su opinión, un hogar familiar desestructurado y violento puede predisponer a los individuos a recurrir al alcohol o las drogas como una forma de enfrentarse a la situación.


MEMORIAS DEL FORO NACIONAL SOBRE POLÍTICA PÚBLICA CON ENFOQUE DEDERECHOS HUMANOS PARA LA ATENCIÓN DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL.


MEMORIAS DEL FORO NACIONAL SOBRE POLÍTICA PÚBLICA CON ENFOQUE DE DERECHOS HUMANOS PARA LA ATENCIÓN DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL.


Hace poco más de un año, comenzó a germinar de manera contundente la semilla que “ASI, Nunca Más” y nuestro equipo de corazones sembró y trabajó por casi una década de esfuerzo constante y disciplinado, al lograr que a través de nuestra iniciativa se reuniera por primera vez de forma nacional y con mucho compromiso: El gobierno, la academia y la sociedad civil, para romper el tabú y analizar de una manera muy precisa el ABUSO SEXUAL INFANTIL.
Con el objetivo principal de sentar las bases y poner de manifiesto la urgencia de legislar para prevenir, atender, sancionar, erradicar y reparar este crimen de lesa humanidad. Y en un hecho inédito, sin precedente e histórico en México, se realizó el “Primer Foro Nacional sobre Políticas Públicas con Enfoque de Derechos Humanos para la Atención del Abuso Sexual Infantil en la Ciudad de México, los días 16 y 17 de abril de 2015, en el Conjunto Bucareli de la Secretaría de Gobernación.
Los que le dieron vida y acción a este primer gran esfuerzo nacional fueron: “ASI, Nunca Más”, la Dirección General de Política Pública de Derechos Humanos de la secretaría de Gobernación, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia y la Subcomisión de Derechos de la Niñez de la Comisión de Política Gubernamental en Materia de Derechos Humanos.
El foro arrojó datos, estudios, análisis y conclusiones como son: los derechos de las víctimas, el acceso a la justicia, la prevención, la atención de casos, mejores prácticas internacionales de políticas públicas y legislación nacional; presentadas por todos los expertos de comprobada trayectoria, tanto de las dependencias gubernamentales, los mejores especialistas en el tema, las organizaciones de la sociedad civil y de los organismos internacionales.
Debido a la relevancia e importancia de todo lo anterior, surgió la necesidad de dejar este esfuerzo de manera tangible y se tomó la decisión de compilar las presentaciones en un texto; y así, sentar las bases para materializar lo más pronto posible todas las acciones pertinentes a seguir en la atención integral del abuso sexual infantil. Es de esta manera que nacen las “Memorias del Foro Nacional sobre Política Pública con Enfoque de Derechos Humanos para la Atención del Abuso Sexual Infantil”, que fueron presentadas en un acto protocolario el pasado día 24 de junio de 2016 en las instalaciones de la Secretaría de Gobernación. Estas Memorias buscan ayudar a visibilizar la violación tan grave de derechos humanos. De manera específica, van dirigidas a servidores y servidoras públicas, tomadores de decisiones, académicos y actores sociales involucrados en el tema de la niñez para destacar la urgencia de atender de manera integral estos delitos que atentan en contra de la dignidad humana y el interés superior de las niñas, niños y adolescentes del país. Asimismo, cada uno de los participantes en la presentación, refrendaron el compromiso para seguir trabajando de manera conjunta, con pasos certeros, en contra del abuso sexual infantil.
La Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas ya sacó la segunda edición de la Cartilla de Derechos de las Personas Víctimas de Violencia Sexual. Asimismo, recién hizo un Diagnóstico de Atención a Víctimas de Violencia Sexual que donde se observó que el 25% de las víctimas son menores de 15 años, entre otros datos.
Por su parte la Procuraduría Federal de Protección de la Defensa de Niñas, Niños y Adolescentes está trabajando en un protocolo donde se certifique a los especialistas para que verdaderamente tengan la preparación y la experiencia necesaria para atender a las víctimas. Y que este sea avalado por todas las procuradurías para ser implementado a nivel nacional. Se habló de la importancia de trabajar en la prevención desde las instituciones educativas y la familia para garantizar ambientes propicios para el desarrollo infantil. El Sistema Nacional de Protección Integral a Niñas, Niños y Adolescentes, a partir de la Ley General de Protección, ya ha creado 32 Sistemas Estatales de Protección Integral para Niñas, Niños y Adolescentes, pero se aspira llegar a tener 2, 500 para poder atender a todo el país.
Se coincidió que el esfuerzo del foro y de las memorias deben ser usados como base para la definición de verdaderas políticas públicas en su diseño, implementación y evaluación, pues la problemática del abuso sexual infantil ya está bien definido, por eso hay que buscar las soluciones. De ahí la importancia de difundir las memorias hacia todos lados; principalmente a todas las autoridades correspondientes. El Nuevo Sistema de Justicia Penal -recientemente implementado- es una gran herramienta para el combate de la impunidad; y en el abuso sexual infantil, si algo está muy identificado, es la impunidad; hay que aprovecharlo y saberlo utilizar.
Por otro lado, hay que combatir la inacción, la ignorancia, hay que asignar, las hay que luchar contra la normalización cultural del abuso sexual infantil recursos.
El equipo de “ASI, Nunca Más” y la "Red Hispanoamericana contra el Abuso Sexual Infantil", estamos de plácemes y muy motivados, no solo por el gran reconocimiento otorgado por las autoridades gubernamentales y de la academia ante nuestra iniciativa, de convocar al primer esfuerzo nacional contra el abuso sexual infantil, sino -principalmente- porque por fin ya se logró que los hacedores de política pública, comprendan la urgencia de legislar ante una problemática tan grave contra la niñez y, en general, para toda la sociedad. La verdadera importancia de este evento -y más allá de un acto protocolario- radica en los compromisos y las acciones que se pusieron sobre la mesa para dar continuidad a este gran esfuerzo nacional.
Falta mucho por hacer, pero ya estamos en el camino.
México ¡Vamos por mas! 
Nunca más ¡Gritos sin Voz!


El video del acto protocolario de la de presentación de las Memorias, el pasado 24 de junio de 2016, en el Conjunto Bucareli de la Secretaría de Gobernación. Ciudad de México


CREDITOS
SECRETARIA DE GOBERNACIÓN 
DR. RICARDO J. SEPÚLVEDA I.
Secretario Técnico de la Comisión de Política Gubernamental en materia de Derechos Humanos. 
LIC. RICARDO BUCIO MÚJICA 
Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Protección Integral a Niñas, Niños y Adolescentes. 
COMISION EJECUTIVA DE ATENCIÓN A VÍCTIMAS 
DR. JAIME ROCHÍN Comisionado Presidente de la CEAV 
DRA. SUSANA THALÍA PEDROZA DE LA LLAVE 
Comisionada Ejecutiva de la CEAV 
UNIVERSIDAD AUTONOMA DEL ESTADO DE MEXICO 
DR. ALFREDO BARRERA BACA 
Secretario de Docencia, UAEM 
DR. MANUEL GUTIÉRREZ 
Director de la Faculta de Ciencias de la Salud, UAEM 
DIF NACIONAL
MTRO CARLOS MANZO GJUMLICH
Director General de la Procuraduría Federal de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes
OSC 
LIC. GLORIA ARNICA
Coordinadora de las Organizaciones de la Sociedad Civil de la Subcomisión de Derechos de la Niñez.
ASI, NUNCA MAS
LIC. FRANCISCO VILLA Y BETANCOURT 
Presidente ASI, Nunca Más, A.C.
Una producción de Visual Sechcars para ASI, Nunca Más TV 
Locución Raúl Anguiano Pizano 
Producción Héctor Sentíes Castro 
Postproducción Emmanuel Sentíes Cabrero


sábado, 28 de mayo de 2016

Procurador: abuso infantil es problema muy serio que requiere mayoresfuerzo del Estado


Francisco Dominguez Brito Ts
Francisco Domínguez Brito.
A 2,315 se elevaron los reportes recibidos de abuso sexual y violencia infantil en el país en el primer cuatrimestre de este año, y a 455 las víctimas referidas al Centro de Atención Integral para Niños, Niñas y Adolescentes y sus Familiares (CAINNAF).
De acuerdo con estadísticas dadas a conocer por el procurador general de la República, Francisco Domínguez Brito, el Distrito Nacional y las provincias de Santo Domingo, San Cristóbal, Peravia , Santiago, San Pedro de Macorís y Barahona son las demarcaciones donde más hechos de esa naturaleza se reportaron en enero-abril de 2016.
El funcionario consideró que el abuso infantil es un serio problema en el país que requiere una mayor participación y esfuerzo del Estado, dado el ámbito donde ocurren y la vulnerabilidad de las víctimas.

Yo creo que en estos momentos es prudente que el Ministerio de Salud Pública reitere su circular recordándole a todos los actores dentro del sector salud, en todas las provincias, que en cada caso que se observe abuso sexual o abuso físico contra un menor tienen que reportarlo, como obliga la Ley 136-03 sobre protección de Niños, Niñas y Adolescentes, y esto les corresponde a pediatras y a médicos en sentido general”, dijo..
Información es “vital”. Afirmó que para el Ministerio Público poder ser más eficiente en la persecución del delito de abuso infantil es “vital” la información de médicos que tratan esos casos.
El procurador apeló también a los profesores de escuelas públicas, de quienes dijo han tenido mucha colaboración comunicando a a fiscales cuando un niño llega golpeado o abusado, o tienen conocimiento de que eso ha ocurrido.
También pidió la colaboración de los vecinos cercanos a la víctima, señalando que “muchas veces los propios familiares no quieren hacer la denuncia”.
Fiscalías barriales. Les recordó que para eso existen las fiscalías barriales, las Unidades de Atención a Víctimas y los Tribunales de Menores. Domínguez Brito recordó que aunque hay excepciones, la mayoría de abusos contra los menores ocurre en el ambiente familiar, “tíos, primos, padrastros”, lo que va ligado a la escolaridad y a dificultades emocionales de los actores.
“En muchos casos, madres adolescentes sin la debida madurez, y el hacinamiento en que generalmente viven niñas de 11 y 12 años en la misma situación de vulnerabilidad de la pobreza, provoca el abuso sexual: alguien con dinero que pueda hacer ofertas, propuestas y regalos, y todo eso contribuye”, agregó.
Sistema judicial es coherente. Resaltó que a pesar de todas las debilidades del sector justicia, en el tema del abuso infantil “ha habido fortaleza y coherencia, tanto en jueces como en fiscales”, de que no haya tolerancia y que esos casos sean sancionados drásticamente.
“Hasta ahora lo que hemos visto en las decisiones judiciales es mucha responsabilidad de los jueces, e igual para el Ministerio Público esta es una prioridad, pero es básica la información”, puntualizó.
El procurador Domínguez Brito reaccionó con sus declaraciones a una serie de reportajes que sobre el tema publica Hoy.

lunes, 23 de mayo de 2016

¿Cómo enfrentarnos al dolor causado por la violencia sexual?


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Durante la mayor parte de su vida, Virginia Woolf sufrió de lo que llamaba “la vergüenza ante el espejo”. Tenía aversión a verse reflejada. Escribió sobre ello en los últimos años de su vida, no mucho antes de suicidarse, recordando que el problema había comenzado con un espejo en concreto. Estaba en la entrada de la casa en la que creció. Cuando tenía seis años, su hermanastro, Gerald Duckworth, la levantó, la puso sobre una mesa y metió las manos por debajo de su vestido.
Su otro medio hermano, George Duckworth, también comenzó a acosarla algunos años después. Durante una época, la visitaba cada noche. Virginia Woolf habló en público del abuso y escribió sobre el tema, que continuó hasta bien entrados los veinte años. Fue capaz, incluso, de enfrentarse a George, pero nunca pudo controlar el malestar ante los espejos. “Es tan difícil”, escribió con una torpeza poco habitual en su obra, “dar testimonio de la persona a la que le suceden las cosas”.
¿Cómo enfrentarnos a nuestro propio dolor? Es un tema especialmente complicado. ¿Cómo entendemos nuestro sufrimiento? ¿Con qué palabras? ¿Para qué? ¿Nos hace más pequeños, nos impacta realmente el sufrimiento intenso?
Ese tipo de preguntas gira en torno a la palabra “superviviente”, un término cada vez más extendido entre quienes han sufrido violencia sexual. Utilizado con frecuencia para referirse a aquellos que pasaron por el Holocausto, la palabra se sumó al acervo utilizado por los grupos feministas que comenzaban a trabajar contra el abuso sexual infantil en la década de los ochenta y ha ampliado su sentido hasta ser parte del lenguaje de uso diario.
Durante la última entrega de los Premios Oscar, Lady Gaga cantó su canción nominada “Til it Happens to You”, de “The Hunting Ground”, un documental sobre violación en las universidades. Lo hizo acompañada por 50 hombres y mujeres que habían sufrido abusos que llevaban la palabra “superviviente” escrita en sus brazos. El día después habló de su propia experiencia como adolescente violada. “51, sobreviviendo y alcanzando el éxito”: fue el pie de foto que puso a una imagen del grupo en Instagram. En las redes sociales, los usuarios pusieron mensajes de apoyo con la etiqueta #SurvivorLoveLetter (#CartaDeAmorAlSuperviviente). Una mujer, por ejemplo, le escribe a su versión más joven: “No eres lo que te quitaron. Eres un monumento a la supervivencia y la recuperación está ahí… eres una reina”.
El mundo se ha puesto al día, al igual que la ley. El informe sobre seguridad en los recintos universitarios elaborado por la Casa Blanca en 2014, dice: “Estamos aquí para decirle a los supervivientes de asalto sexual en la universidad que no están solos”.
Y acaba de presentarse una propuesta de ley de los derechos de los supervivientes en el Senado de Estados Unidos que tiene el objetivo de “reforzar la capacidad de los supervivientes para tomar decisiones con toda la información disponible a lo largo del proceso de justicia criminal”, además de otras cosas como alargar el tiempo durante el que se conservan los kits que contienen la información acerca de una violación.
La definición legal de violación evoluciona con el tiempo y siempre ha sido un barómetro de las actitudes sobre género y raza. La legitimidad del superviviente apunta a un cambio sutil pero importante en el debate sobre la violencia sexual. La historiadora Estelle B. Freedman cree que la historia de la violación en Estados Unidos “consiste en gran medida en darle seguimiento a las narrativas cambiantes que definen qué tipo de mujeres pueden acusar a qué tipo de hombres por el delito de sexo forzado sin consentimiento y qué versiones de los hechos son creíbles”. Son muy pocas las excepciones y, en general, no hay memoria histórica de cómo las víctimas de violencia sexual se perciben a sí mismas y entienden sus experiencias.
Después de todo, la víctima de violación “buena” o “creíble” siempre ha sido la que ha muerto, y se convierte así en ese símbolo útil de inocencia rota que cualquier grupo puede adoptar para hacer ruido –un suicidio como el de Lucrecia, cuya violación se convirtió en catalizador de la fundación de la república en Roma, o el de cualquiera de las santas de la Iglesia católica (ninguna de las cuales fue violada, por cierto, porque prefirieron morir antes que aceptar la violación). En literatura, las mujeres han sido silenciadas. En “Metamorfosis” de Ovidio se convierten en pájaros y árboles. A una le cortan la lengua para que no testifique, un lugar común que aparece en todas partes desde “Tito Andrónico” a “El mundo según Garp”.
Pero desde los años setenta, algunos libros que recogen testimonios en primera persona de mujeres que sufrieron incesto y abuso sexual cuando eran niñas expusieron el tema ante la opinión pública. Alguna de estas obras usó específicamente la palabra “superviviente” para sustituir a “víctima”. Su objetivo era, de manera deliberada, resignificar y enfatizar los recursos de la mujer ante su supuesta indefensión y defender las decisiones tomadas, las que permiten a esas mujeres mantener la cordura y la salud.
Lo que un día sonó radical, se convierte en una retórica de heroísmo casi forzado. “No soy víctima, soy superviviente” es el lema habitual de mujeres como Trisha Meli, quien fue violada mientras trotaba en Central Park en 1989, o la actriz Gabrielle Union, violada a punta de pistola a los 19 (“Odio sentirme víctima, te vuelve perezosa”). Otras prefieren “luchadora” o incluso “guerrera”.
Es indiscutible que hoy en día existe una insistencia en proyectar fuerza y dureza, tal como lo hacen mujeres como Jessica Jones, la emperatriz de Mad Max; Lisbeth Salander; Olivia Benson de la serie de televisión “Law and Order”, o a la novia de “Kill Bill”.
La superviviente, o su representación en la cultura pop, ahora tiene una imagen distintiva: está herida pero no lo suficiente como para provocar pena o repulsión. Su herida la hace interesante, incluso atractiva. Antes la víctima era una figura aislada que producía vergüenza, pero la superviviente es ágil y está bien equipada con recursos. Provoca un poco de miedo, es sexy y su rabia cuenta con bendición divina.
Y tiene la capacidad de cruzar culturas: es Priya, la estrella de un cómic indio que va montada en un tigre y se enfrenta a sus violadores; es Maima, que recorre el escenario en Broadway con un AK 47 colgando del pecho en “Eclipsed”, la obra de Danai Gurira sobre las esclavas sexuales de la guerra civil en Liberia. Incluso como prisionera —como la madre que aparece en “Room”— puede con todo.
Y toma vida en las marchas de protesta contra la violencia sexual en las universidades. El año pasado, Karmenife Paulino, una estudiante, montó una exposición frente al edificio de la asociación de estudiantes donde dice que fue violada. Posó triunfante, vestida de dominatriz y rodeada de actores que representaban a los miembros de la asociación. “Una de las cosas que más me ha ayudado como superviviente ha sido encontrar una manera creativa de expresar mi dolor”, dijo la joven en una entrevista con un blog de la universidad. “Así se me ocurrió pensar en cómo sería reclamar ese espacio”.
La preferencia por “superviviente” en lugar de “víctima” es una cambio en el lenguaje tanto ideológico como lingüístico. En “Bright-Sided” su crítica publicada en 2009 sobre la obsesión estadounidense con el pensamiento positivo, Barbara Ehrenreich señaló un proceso similar en los pacientes con cáncer. “La palabra víctima está proscrita”, escribe, porque se entiende como lástima por uno mismo. Se prefieren metáforas marciales, y quienes “han perdido la guerra” pasan al olvido. “Son los supervivientes quienes han hecho méritos para recibir honores”. Y de esa manera, el péndulo pasa de un extremo al otro: de ver la violación como dolor insoportable a ver al superviviente como alguien con poderes sobrehumanos.
Es, de nuevo, “la vergüenza ante el espejo”. Es el miedo a enfrentarte a tu propia vulnerabilidad en una sociedad desesperadamente optimista y adicta a las historias con final feliz. Con algunas excepciones, la misión no es solo sobrevivir, sino hacerlo lo más rápido posible, y que sirva para levantar a los demás.
Wagatwe Wanjuki, una de las personas que estuvo junto a Lady Gaga durante los Premios Oscar, escribió en una página web sobre “el costo invisible” de ser superviviente. “Eres reconocido por ser capaz de soportar las peores experiencias de tu vida”.
Una palabra que antes servía para liberar a las mujeres de su estigma es, ahora, un tratamiento. “La supervivencia obligatoria despolitiza nuestra manera de entender la violencia y sus consecuencias”, escribió en feminist.com Dana Bolger, directora ejecutiva de Know Your IX (una organización “por y para jóvenes supervivientes” que lucha contra la violencia sexual en las escuelas). Y añadió: “Pone el peso de la recuperación en el individuo mientras borra el sistema y las estructuras que hacen que sobrevivir sea algo duro, más duro para unos que para otros”.
La obligación a sobrevivir anticipa las sensaciones que afrontan muchas víctimas de la violencia: desconfianza, indiferencia y la falta de apoyo por parte de la sociedad. Esto sin añadir lo que menciona Jon Krakauer en su libro sobre la violación en las universidades, “Missoula”: si una persona es violada en Estados Unidos, más del 90 por ciento de las veces el violador no será condenado.
Así, la ética de coraje y fortaleza tiene sentido. No hay alternativa.
En japonés, la palabra trauma se expresa con la combinación de dos caracteres: “afuera” y “herida”. El trauma es una herida visible –es sufrimiento que podemos ver–, pero también es sufrimiento público que se calcifica hasta convertirse en parte de la identidad e inevitablemente se simplifica. Quizás queda algo de sabiduría latente en la frase de Woolf: “La persona a la que le pasan las cosas”. Es amplia. No te ubica en ninguna fase específica del sufrimiento o la recuperación. Se centra en la persona y no en el evento, algo que resulta crucial. Quienes han sufrido violencia sexual caen en el sentimentalismo de los demás.
O, aun peor, en el estigma: O están rotas o son heroínas. Todo puede proyectarse sobre ellas.
Todo menos el poder y la vulnerabilidad de las personalidades normales.